Republicanos divididos en torno a negociaciones sobre abismo fiscal

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Las negociaciones en torno al llamado abismo fiscal continuarán hoy a pesar de pronósticos contradictorios en torno a un posible acuerdo y en medio de divisiones dentro de los republicanos sobre el tema. El presidente Barack Obama calificó la víspera de desequilibrada una propuesta del partido rojo para resolver la disputa, y agregó que cualquier arreglo debe incluir un aumento de los impuestos para los más ricos.

Obama dejó las puertas abiertas a nuevas ideas de los republicanos y, aunque señaló que está listo para tomar algunas decisiones duras, las cuales afectan a la clase media, aclaró que no puede pedirles sacrificios a esas personas sin afectar a aquellos con mayores ingresos.

El mandatario señaló que reconsideraría rebajar los tributos a los más ricos el año próximo, pero no ahora, como parte de un esfuerzo de reestructuración de los impuestos que cerrará los gastos superfluos, limitará las deducciones tributarias y encontrará nuevas fuentes de financiamiento para el presupuesto federal.

Los líderes republicanos del Congreso habían enviado una carta a Obama con una contrapropuesta para reducir el déficit presupuestario, que incluye un aumento de ingresos por 800 mil millones de dólares y reducciones por 600 mil millones en programas de salud.

El congresista republicano por Ohio y presidente de la Cámara de Representantes, John Boehner, considera que la prioridad es alcanzar una solución razonable que pueda ser aprobada en las próximas dos semanas.

A pesar de los duros intercambios interpartidistas y lo que algunos medios han llamado «teatro político» en este tema del abismo fiscal, las partes en disputa parecen comprender que les queda muy poco tiempo para lograr un acuerdo, apenas 26 días, incluida la jornada vacacional navideña.

De acuerdo con medios de prensa estadounidenses, Boehner al parecer se dispone a aceptar algunos aspectos de la propuesta de Obama en cuanto a las tasas impositivas y la política presupuestaria.

Esta supuesta concesión del congresista opositor provocó ayer una rápida reacción de sectores de la ultraderecha republicana, en particular del senador por Carolina del Sur Jim DeMint, uno de los líderes del movimiento conservador Tea Party.

Según DeMint, el plan de Boehner «destruirá los empleos de los estadounidenses y permitirá que los políticos en Washington gasten mucho más dinero».

Pero en el centro de las negociaciones todavía están pendientes los puntos centrales: si se aumentan los impuestos a quienes ganan más, la profundidad de los recortes presupuestarios en programas sociales como el Medicare, y la forma en que se enfrentará el tema del límite de la deuda pública de Estados Unidos.

De acuerdo con una pesquisa realizada por el diario The Washington Post y la encuestadora Pew Research Center, 53 por ciento de los estadounidenses consideran que los republicanos serán los responsables si el país finalmente cae en el abismo fiscal, y solo 27 por ciento culpan a Obama de un eventual fracaso en las negociaciones.

Un 49 por ciento de los consultados consideran que Obama y el Congreso no alcanzarán un acuerdo antes del 1 de enero de 2013, mientras 40 por ciento estiman lo contrario.

Si no se alcanza un consenso, en enero entrará en vigencia una serie de alzas de impuestos y recortes de gastos gubernamentales que podrían hundir a Estados Unidos en una nueva recesión y se dispararía a nueve por ciento la tasa de desempleo, actualmente en 7,9, entre otras consecuencias nefastas para el país norteño.

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